Unas cuantas pinceladas más para terminar el cuadro de la imagen que me queda de Madrid tras estos cuatro dias
- La increible cantidad de turistas que se agolpan desde Gran Via, a la Puerta del Sol, y de ahí hasta el Palacio de Oriente.
- El top manta multivariado, discos y películas piratas, imitaciones de perfumes caros, abanicos muy floreados, pulseras de cuentas hechas con pocas ganas..., lecturas de manos, masajes orientales..., caricaturas instantáneas que recuerdan demasiado a las de Vizcarra... Y siempre alguno ojo avizor por si aparece la policía por alguna esquina, momento en el cual desaparecen en tiempo record los vendedores y su variada mercancía... Si fuera olimpica la velocidad de recogida del top manta, Madrid tendría varios medallistas...
- Músicos callejeros, en especial en la zona turística y el metro, guitarras, algún violín, un saxofón, un japones con algo que parece un jarrón con cuerdas que emite un sonido similar a un gato cuando se le pisa la cola, un grupo de mariachis con sombreros mexicanos y todo... hasta un músico usando una veintena de copas con diferente contenido de agua...
- Saliendo de la zona turística, Madrid está de vacaciones, muchísimos (por no decir casi todos) comercios familiares, bares y restaurantes cerrados con el cartel que avisa que hasta Septiembre estarán de vacaciones, seguramente en la playa, en Benidorm.
- Obras por todos lados. Si habitualmente Madrid es la capital de las obras, en verano se multiplican. Quitando bordillos que puso el año pasado, levantando zanjas cuando hace poco se habían cerrado otras... lo que sea para que no se aburra el conductor que eche en falta el típico atasco madrileño, que en agosto es menos atasco, ... si no fuera por las obras.
- La enorme fila (más bien cuatriple fila) de taxis en la estación del tren de Chamartín. Varios taxistas jugando a las cartas en el capó de uno de ellos, esperando que llegue el siguiente Ave que permita avanzar la fila de taxis.
- Los que salen a pasear su "diferente" (por no usar otros adjetivos) estilo de vestir, andar, hablar o de ser. Marcando diferencias aprovechando que nadie les conoce, o que nadie les va a prestar atención.
- Los que salen del armario, gracias al anonimato que da la capital, para pasearse bien agarrados, y dar o recibir un achuchón o un apasionado beso en medio de la calle (que en su pueblo natal ni se les habría ocurrido!, que van a decir sus vecinos!).
- Las pinigüinis que salen a la caza de clientela, bajo la atenta mirada de sus chulos, o el control disimulado de sus competidoras, cuando la noche llega a Gran Via.
Diran lo que quieran, pero Madrid no es una ciudad para vivir, es solamente para venir de turismo, de compras, o para salir del armario (para cambiar de acera o simplemente para desempolvar lo más de lo más que se tenga en el ropero). Madrid es un sitio donde muy a menudo se tiene que ir por motivos de trabajo. O donde se puede acudir por muchos motivos.
Pero Madrid no es un sitio para vivir. Eso sí que no.
- La increible cantidad de turistas que se agolpan desde Gran Via, a la Puerta del Sol, y de ahí hasta el Palacio de Oriente.
- El top manta multivariado, discos y películas piratas, imitaciones de perfumes caros, abanicos muy floreados, pulseras de cuentas hechas con pocas ganas..., lecturas de manos, masajes orientales..., caricaturas instantáneas que recuerdan demasiado a las de Vizcarra... Y siempre alguno ojo avizor por si aparece la policía por alguna esquina, momento en el cual desaparecen en tiempo record los vendedores y su variada mercancía... Si fuera olimpica la velocidad de recogida del top manta, Madrid tendría varios medallistas...
- Músicos callejeros, en especial en la zona turística y el metro, guitarras, algún violín, un saxofón, un japones con algo que parece un jarrón con cuerdas que emite un sonido similar a un gato cuando se le pisa la cola, un grupo de mariachis con sombreros mexicanos y todo... hasta un músico usando una veintena de copas con diferente contenido de agua...
- Saliendo de la zona turística, Madrid está de vacaciones, muchísimos (por no decir casi todos) comercios familiares, bares y restaurantes cerrados con el cartel que avisa que hasta Septiembre estarán de vacaciones, seguramente en la playa, en Benidorm.
- Obras por todos lados. Si habitualmente Madrid es la capital de las obras, en verano se multiplican. Quitando bordillos que puso el año pasado, levantando zanjas cuando hace poco se habían cerrado otras... lo que sea para que no se aburra el conductor que eche en falta el típico atasco madrileño, que en agosto es menos atasco, ... si no fuera por las obras.
- La enorme fila (más bien cuatriple fila) de taxis en la estación del tren de Chamartín. Varios taxistas jugando a las cartas en el capó de uno de ellos, esperando que llegue el siguiente Ave que permita avanzar la fila de taxis.
- Los que salen a pasear su "diferente" (por no usar otros adjetivos) estilo de vestir, andar, hablar o de ser. Marcando diferencias aprovechando que nadie les conoce, o que nadie les va a prestar atención.
- Los que salen del armario, gracias al anonimato que da la capital, para pasearse bien agarrados, y dar o recibir un achuchón o un apasionado beso en medio de la calle (que en su pueblo natal ni se les habría ocurrido!, que van a decir sus vecinos!).
- Las pinigüinis que salen a la caza de clientela, bajo la atenta mirada de sus chulos, o el control disimulado de sus competidoras, cuando la noche llega a Gran Via.
Diran lo que quieran, pero Madrid no es una ciudad para vivir, es solamente para venir de turismo, de compras, o para salir del armario (para cambiar de acera o simplemente para desempolvar lo más de lo más que se tenga en el ropero). Madrid es un sitio donde muy a menudo se tiene que ir por motivos de trabajo. O donde se puede acudir por muchos motivos.
Pero Madrid no es un sitio para vivir. Eso sí que no.