A medianoche, en plena tormenta, el demonio en persona se presentó en la habitación dispuesto a aceptar la invitación y jugar la partida. Jugaron y jugaron, y los condes debieron de perder, ya que la entrada a la habitación desapareció desde esa noche, y sólamente la ventana pernanece como mudo testigo de lo que pasó en esa habitación y el juego de cartas.
Cuentan que algunas noches se puede oir al conde y a su amigo jugar a las cartas en la habitación sin puerta del castillo de Glamis.
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